De qué va este episodio
Luis Miguel Barral es geógrafo. Estudia grupos humanos, no personas. Y cuando escucha a una empresa hablar de inteligencia artificial, escucha lo mismo que escucha cuando habla de cualquier otra transformación: miedo disfrazado de estrategia.
Este episodio empieza donde terminan los titulares. El 98% de los pilotos de IA en empresa no superan la fase de prueba. El 9% de los despidos en Estados Unidos en 2025 se atribuyeron a la IA. Los empleados de las empresas que implementaron IA sin cambiar sus procesos tardan un 350% más en hacer las mismas tareas. Son datos que no cuadran, y esa contradicción es exactamente el hilo que tiramos en este episodio.
Dos tipos de empresa, una sola realidad
Hay empresas que compran una licencia de IA, mandan un correo interno y se ponen el pin de “empresa tecnológica”. Y hay empresas que entienden que la IA no es un software, sino un catalizador que obliga a repensar cómo funciona cada proceso, cada equipo, cada incentivo.
Luis Miguel lo llama de otra manera: las organizaciones que viven en la apariencia y las que viven en la coherencia. Las que hacen sonar el discurso de cartón-piedra y las que construyen una cultura donde lo que se dice y lo que se hace tienen algo que ver entre sí.
El dato del 350% de tiempo adicional no es un fracaso de la IA. Es el fracaso de poner tecnología nueva encima de procesos viejos sin preguntarse qué hay debajo.
Lo que la IA todavía no puede hacer
Luis Miguel trabaja con el discurso humano. Su método consiste en escuchar lo que dice la gente en lo que dice, no en lo que dice literalmente. Esa distinción parece sutil, pero es enorme.
Los modelos de IA se alimentan de lo producido, de la superficie del discurso. Llegar a interpretar qué hay detrás de lo que dice un ser humano, qué motiva a un grupo, qué divide a un equipo, requiere un entrenamiento de analista que la IA todavía no tiene. No porque no sea inteligente, sino porque escuchar de verdad requiere vaciarse de uno mismo, y eso no se entrena con datos.
Las tres materias de una organización
Jorge Wasserberg, físico teórico y fundador de los museos de la Caixa, propuso que el universo está hecho de tres tipos de materia: la inerte (que aporta estabilidad), la dinámica (que se adapta) y la cultural (que anticipa). Luis Miguel aplica esa misma lógica a las organizaciones.
Una empresa que solo tiene estabilidad se anquilosa. Una que solo tiene dinamismo deriva sin arraigo. Una que solo anticipa vive en el mundo de las ideas sin tocar nunca el suelo. El equilibrio entre las tres es lo que permite a una empresa sobrevivir y crecer cuando el entorno cambia, que es siempre.
La creatividad como ventaja y como entrenamiento
La tesis de Luis Miguel es directa: la IA va a sustituir todo aquello que sea repetitivo, ejecutable, predecible. Lo que no va a poder sustituir es la capacidad de ensanchar el mundo, de conectar ideas que no estaban conectadas, de crear.
Y la creatividad se entrena. No con metodologías ni con talleres, sino dejando espacio al aburrimiento, a la divagación, al asombro. El problema es que hemos diseñado organizaciones que premian la agenda llena como señal de productividad, dejando sin tiempo ni espacio para que emerja algo distinto.
Las noticias del radar
MIT y la adopción de la IA. El 98% de la muestra no ha conseguido superar la fase de prueba piloto. La pregunta no es si la IA funciona, sino si las empresas están preparadas para cambiar lo que hay debajo de ella.
AI washing. El CEO de OpenAI alertó sobre empresas que usan la IA como coartada para justificar decisiones que poco tienen que ver con la tecnología. El 9% de los despidos en Estados Unidos en 2025 se atribuyeron a la IA. La sospecha es que muchos tienen más que ver con una gestión deficiente que con la automatización.
Los perfiles junior en el punto de mira. Más del 50% de los despidos en el sector financiero afectan a perfiles de entre 22 y 25 años. Estamos eliminando el trabajo operativo que servía de aprendizaje para los futuros seniors. No está claro que hayamos pensado bien las consecuencias.